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odríamos decir que todo comenzó en una cafetería mientras el pensamiento volaba al observar el ventanal. Si, podríamos decir eso, pero… no sería del todo cierto. Allí sólo comenzó la idea, la luz de inspiración por así decirlo; en realidad es curioso… porque el verdadero comienzo, la historia de “las primeras veces” fue con una escena muy similar… Y tras un llanto.
*Recordando*
“A veces, sólo a veces, creo que uno piensa más de la cuenta, sobrevalúa demasiado las cosas para nada más que terminar mal… sin quererlo, claro. Es algo inconsciente. Porque… sin el drama ¿qué diversión hay?
Pienso esto porque… así fue como esto dio comienzo… conmigo… pensando más allá de lo necesario”
Sucedió en Enero, a menos de un mes de su cumpleaños número dieciocho y era uno de esos días en los que pareciera no haber nada para hacer y uno da vueltas por toda su casa buscando con qué entretenerse-o distraerse-hasta que caes rendido en tu cama escuchando música, leyendo o simplemente mirando el vacío.
La vista de su jardín era bastante burda y aburrida, pero a Paloma parecía distraerle por el momento, o al contrario: atraerle a pensar en la situación.
No sabía muy bien porqué se hallaba melancólica, no siempre la personas lo saben con exactitud, especialmente y para ser honestos, cuando en ese entonces ella tenía una larga lista de razones para elegir… y optó por la primera: la pérdida de su relicario de oro con sus iniciales P.M.P. delicadamente grabados y que había sido un regalo de sus padres por su reciente cumpleaños.
Paloma llevó una mano a su pecho y lo recorrió hasta llegar a su cuello, donde se detuvo; los ojos le brillaron a causa de las lágrimas acumuladas.
El relicario de oro con forma de corazón se hallaba vacío. Un corazón frío, duro y cerrado.
La joven rompió a llorar en silencio.
Paloma nunca resultaba ser lo que parecía… ya sea esto para bien o para mal, eso dependía de lo que pensaran las personas. Cada cual con su forma de ver las cosas…
Los que la conocían la creían una excelente persona que decía lo que pensaba, algo desconfiada en ocasiones con la gente que recientemente conocía, muy divertida y lista.
Pero los que no la conocían y cuya relación era de un simple “hola” y “adiós” era una persona retraída que casi pronunciaba palabra y no muy divertida y lista.
Algo demasiado opuesto…
Y a decir verdad… era una persona compleja, pero nadie parecía verlo.
Odiaba parecer tímida o callada, pero prefería no hablar a decir algo incorrecto o sin razón alguna.
Si llamaba la atención quería hacerlo del modo correcto, por buenos motivos no por el hecho de ser un completo desastre irremediable, pero a veces no podía evitarlo. Era una de esas personas difíciles de ganar y con buenos valores… que valían la pena.
Tenía un buen círculo de amigas… o eso pensaba, no por el hecho de que le resultaran ser malas sino que… las personas cambian. Recordaba salidas y pláticas… y risas, muchas risas, pero nunca esa confianza por parte de ella. Por una razón que desconocía nunca se pudo abrir ante ellas. El por qué es algo que descubrió al menos un año después. Durante ese tiempo de espera que desconocía sólo le quedaba tragar y tragar.
Muchas veces sus amigos le recriminaron que no compartía cuando ellos sí lo hacían… pero eso no era su culpa. Cada persona es diferente y para cada una de ellas hay un secreto distinto.
En repetidas oportunidades ella llegó a creerse aburrida… y que por esa razón no contaba sus experiencias a los otros: porque no había nada que contar. Ella no había salido con la cantidad de hombres que sus amigas ni sido “perseguida” por otros indeseados y ni siquiera se atrevía a contar quién le interesaba… por si acaso esa persona no sentía lo mismo. Por supuesto mucho menos inventar situaciones o personas, no estaba desesperada. Por esto se sintió sola y humillada en repetidas ocasiones y nunca dijo nada. Claro que sus amigas no lo hacían a propósito, pero al hacer comentarios sobre cosas que ella no podía acotar… Además no lo creían posible… después de todo ella parecía tan segura de sí misma… o creían que al menos debería estarlo.
A pesar de esas situaciones Paloma no cambió su actitud sólo para adaptarse, no hizo más cosas sólo porque los otros lo hacían, por el contrario, sus amigas tenían que adaptarse a ella, ir a su ritmo. Si querían hablar de lo que fuera menos del sexo masculino podían contar con sus palabras… y todos contentos.
Por alguna razón se volvió fría sobre ese asunto y no dejaba que nadie se le acercara hasta cierto punto. Era su única manera de no ser herida: no comenzar nada.
Así el tiempo pasó y llegó a los dieciocho años, defraudada y con pocos ánimos y esperanzas para todo lo que vendría.
Paloma Mayson di Praga tenía mucho para decir, pero nunca hallaba el momento…