En ocasiones uno se encuentra ante una de esas preguntas más allá de las existenciales. Esas que, luego de hacerlas, todas tus otras dudas o temores te parecen tan tontas. Me refiero a, por ejemplo, cuando hace unos días visitamos el planetario y hablaban principalmente la vida y la muerte del sol; y uno se pregunta de cómo surgió todo, cómo es posible que algo tan importante, tan poderoso se creara para dar vida. Como si todo estuviera planeado y que, tristemente, algún día se desvanecerá por completo, y no quedará nada ni nadie... Sólo vacío, hasta que algo nuevamente surja... Es extraño.
También la luna, las estrellas..., todo lo que nos rodea, y ahora que se dice haber descubierto un nuevo planeta donde sí podría haber vida... tal vez allí, luego de la extinción del sol se pueda encontrar un nuevo comienzo...: Verdaderamente parece todo planeado, ¿verdad? Y seguramente muchos no quieren creerlo porque asusta... o no querrán hacerlo. Tal vez por esa razón nosotros, las personas nos concentramos sólo en lo que nos rodea, en lo que creemos nos concierne, sólo en eso. En la vida propia y le agregamos los problemas cotidianos como el no tener un rumbo, el tenerlo demasiado claro que ya no tienes nada que decidir, el no estar acompañado, el estar mal acompañado, no tener suficiente dinero, el tener tanto que no sabes qué hacer con el y por lo tanto no te completa, el no ser bonita, el serlo tanto que intimida para que se te acerquen o bajas la autoestima de otros sin quererlo... En todo eso nos inquietamos, y cuando nos preguntamos algo más, algo más profundo nos sentimos como idiotas y decimos: ¿Cómo pude preocuparme y obsesionarme tanto con aquello cuando esto es mucho más relevante?
Será por eso, porque es tan importante y porque podría cambiar algo, que esos momentos de verdadera reflexión duran tan poco... Todo lo bueno es así”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario